llueve. no sé si mucho o poco porque no salí a la calle.
no es que no me guste caminar con las gotitas mojándome el pelo, la cara y todo; o mirar el cielo de colores fríos que se cae de a momentos. es hermosa la calle derretida bajo mis ojos, la gente chapoteando en el cemento como carpas en un estanque. los nenes con sus botas y sus sonrisas, el viento que despeina y corre travieso. que se te mete por debajo de la blusa y luego el escalofrío que te recorre la espalda como una serpiente.
los barcos de papel, los besos mojados, la siesta con estufa, chocolate caliente. cantar bajo la lluvia es mil veces más poético que cantar un día de sol.
si, si. es cierto. los días lluviosos son una obra de arte. pero no puedo evitar no sentirme gris como el cielo, si esas gotas que caen me alejan áun más de tu lado.
domingo, junio 25, 2006
miércoles, junio 21, 2006
1
el ruido de mis dedos sobre cada tecla. cada letra que forma cada palabra que nace, una palabra que será una línea, y cada línea una frase, y una frase un párrafo.
y cada párrafo será una historia y en cada historia habrá una vida o mil.
personas que caminan, corren o vuelan. que aman, temen, parten. sueñan, ríen, viven.
y cada párrafo será una historia y en cada historia habrá una vida o mil.
personas que caminan, corren o vuelan. que aman, temen, parten. sueñan, ríen, viven.
2
¿esto pasa o lo inventé yo? cada cosa que veo, ¿ es producto de una casualidad, el destino o una idea ajena; o en mi inconsciente lo decidí de antemano?
¿tu cara es así porque de hecho lo es, o porque yo lo deseo?
¿yo te amo porque si? ¿yo te odio y ya?
a veces me pregunto si yo estoy viviendo la vida, o si la estoy escribiendo a medida que me vuelvo más vieja y más ingenua.
¿tu cara es así porque de hecho lo es, o porque yo lo deseo?
¿yo te amo porque si? ¿yo te odio y ya?
a veces me pregunto si yo estoy viviendo la vida, o si la estoy escribiendo a medida que me vuelvo más vieja y más ingenua.
3
miro el techo, las paredes, la ventana cerrada, el humo en el aire que me marea y me da nauseas. no están vivos estos muros, y no hay escapatoria. no quiero estar acá, no puedo salir tampoco. las calles podrían comerme de un momento a otro.
un cigarrillo que se consume lentamente da lugar al próximo y yo siento que ya no puedo ni siquiera respirar.
sé que no vas a volver, ¿entonces por qué te espero todavía?
me gustaría despertarme con tu voz en la puerta, por lo menos con el sonido de tus nudillos sobre la vieja madera. pero no va a suceder. no en esta vida.
somos muy jóvenes y demasiado orgullosos.
un cigarrillo que se consume lentamente da lugar al próximo y yo siento que ya no puedo ni siquiera respirar.
sé que no vas a volver, ¿entonces por qué te espero todavía?
me gustaría despertarme con tu voz en la puerta, por lo menos con el sonido de tus nudillos sobre la vieja madera. pero no va a suceder. no en esta vida.
somos muy jóvenes y demasiado orgullosos.
viernes, junio 02, 2006
Sábado a la noche
Sábado por la noche.
¿Qué debo hacer? ¿A quién llamar?
Sábado por la noche.
¿Quién debo ser?
¿Cómo debo ser?
Tacones altos que me permitan verte de arriba.
Ser una de tantas y hacer que te des vuelta para ver.
Los más bellos ojos, el cuerpo más hermoso.
¿Cómo se hace?
Alguien está ocultando el manual.
Base. Sencillamente fundamental.
Cubrir cada imperfección y ocultar todas mis fallas.
Toma una fotografía y conmemora este momento.
No durará para siempre, eso sí es seguro.
Sombra, máscara y labial.
Un marco maravilloso para algo que está vacío,
Y así seguirá.
Un poco de brillo y color para algo sin vida.
Algo que yace muerto.
Una inhalación profunda y casi eterna.
Un pañuelo, un cepillo de dientes, llaves de algún lugar.
Y antes de salir,
Debo ponerme una brillante y blanca sonrisa
Para poder así ser alguien.
¿Qué debo hacer? ¿A quién llamar?
Sábado por la noche.
¿Quién debo ser?
¿Cómo debo ser?
Tacones altos que me permitan verte de arriba.
Ser una de tantas y hacer que te des vuelta para ver.
Los más bellos ojos, el cuerpo más hermoso.
¿Cómo se hace?
Alguien está ocultando el manual.
Base. Sencillamente fundamental.
Cubrir cada imperfección y ocultar todas mis fallas.
Toma una fotografía y conmemora este momento.
No durará para siempre, eso sí es seguro.
Sombra, máscara y labial.
Un marco maravilloso para algo que está vacío,
Y así seguirá.
Un poco de brillo y color para algo sin vida.
Algo que yace muerto.
Una inhalación profunda y casi eterna.
Un pañuelo, un cepillo de dientes, llaves de algún lugar.
Y antes de salir,
Debo ponerme una brillante y blanca sonrisa
Para poder así ser alguien.
lunes, mayo 08, 2006
Bombas y amapolas
Sigo tirada en la cama escuchando las bombas que caen alrededor mío. Doy vueltas y me mareo, pero me contengo y abro un ojo. Una lágrima cae, y las bombas no son bombas.
El despertador grita las 6:27.
El piso es frío e indiferente, y lo úniko ke impida ke caiga. Un trozo d alguien me observa, me imita desde la pared. Miro a alguien que luce como yo, pero ¿kómo puedo estar tan segura d kien es? Me he confiado tanto d las apariencias y al final akabo en el suelo, pisoteada, desnuda, llena d golpes. Denigrada. Me han matado.
No, no soy yo. Yo floto en un cielo azul, yo tengo ojos brillantes, yo t miro por horas y no lloro una vez al dia. O a veces más.
Y ella, ella tiene el color de la muerte y del cemento. Una mirada gélida, labios fríos.
Un golpe seco, violento pero distante. Ella se kiebra y kae en mil pedazos.
“ahora estamos a mano” –pienso. Y me meto en la ducha.
Hay ke respirar profundo y kontar hasta 10 para ke c vaya lo malo, dar limosna a los necesitados, tomar 2 litros d agua por día y llenar d la kasa d perfume a verano.
Hoy no me siento komo verano. Hoy no me siento kon ánimos d todo esto.
El agua caliente purifica todo lo feo, lo sucio. Necesito un trago, y el teléfono no está sonando. Grito, grito lo más fuerte ke puedo, pero por alguna razón nadie escucha.
Estoy d vakaciones en siberia.
Las llaves están sobre una mesita. Cubiertas d polvo. El humo del cuarto me sofoca y la televisión en siempre igual. Cambio, nada; cambio, nada; cambio, nada. De repente el control remoto vuela y se estrella contra el armario, una lástima.
Afuera debe hacer unos 5 grados, pero esta kasa es un horno. Me sako kasi toda la ropa y me dejo una camiseta vieja y ropa interior. Soltar un poko mi cuerpo me hace bien, kizá aún mejor ke la ducha y la comida.
Lo pico, lo enrolló, lo enciendo. Mi cabeza estalla, y presencio komo los muros a mi alrededor c kaen. Las flores krecen en mi ventana, un pekeño pájarillo azul c posa en el alfeizar.
La humareda me envuelve y me abraza. Me da eso ke ando necesitando tanto últimamente. Le kito la tapa a una botella ke hay sobre la mesada. Espero ke sea agua. Le doy un sorbo, largo, potente; mi gargante c kema kon la potencia incinerante del vodka.
Me echo y duermo por unas horas, nuevamente las bombas que caen y destruyen los prados de amapolas. No quiero, pero tampoco pude evitarlo. El sueño ya c terminó por hoy.
Las bombas ke kaen, los golpes en la puerta.
Debo, no debo. No voy a vestirme. Abro. T abro.
Estas helado y yo estoy en shock.
-Necesitaba verte.
-Y yo t necesitaba.
Me abrazaste. Después d un siglo d polvo y olvido, me abrazaste. No necesitaba más.
El despertador grita las 6:27.
El piso es frío e indiferente, y lo úniko ke impida ke caiga. Un trozo d alguien me observa, me imita desde la pared. Miro a alguien que luce como yo, pero ¿kómo puedo estar tan segura d kien es? Me he confiado tanto d las apariencias y al final akabo en el suelo, pisoteada, desnuda, llena d golpes. Denigrada. Me han matado.
No, no soy yo. Yo floto en un cielo azul, yo tengo ojos brillantes, yo t miro por horas y no lloro una vez al dia. O a veces más.
Y ella, ella tiene el color de la muerte y del cemento. Una mirada gélida, labios fríos.
Un golpe seco, violento pero distante. Ella se kiebra y kae en mil pedazos.
“ahora estamos a mano” –pienso. Y me meto en la ducha.
Hay ke respirar profundo y kontar hasta 10 para ke c vaya lo malo, dar limosna a los necesitados, tomar 2 litros d agua por día y llenar d la kasa d perfume a verano.
Hoy no me siento komo verano. Hoy no me siento kon ánimos d todo esto.
El agua caliente purifica todo lo feo, lo sucio. Necesito un trago, y el teléfono no está sonando. Grito, grito lo más fuerte ke puedo, pero por alguna razón nadie escucha.
Estoy d vakaciones en siberia.
Las llaves están sobre una mesita. Cubiertas d polvo. El humo del cuarto me sofoca y la televisión en siempre igual. Cambio, nada; cambio, nada; cambio, nada. De repente el control remoto vuela y se estrella contra el armario, una lástima.
Afuera debe hacer unos 5 grados, pero esta kasa es un horno. Me sako kasi toda la ropa y me dejo una camiseta vieja y ropa interior. Soltar un poko mi cuerpo me hace bien, kizá aún mejor ke la ducha y la comida.
Lo pico, lo enrolló, lo enciendo. Mi cabeza estalla, y presencio komo los muros a mi alrededor c kaen. Las flores krecen en mi ventana, un pekeño pájarillo azul c posa en el alfeizar.
La humareda me envuelve y me abraza. Me da eso ke ando necesitando tanto últimamente. Le kito la tapa a una botella ke hay sobre la mesada. Espero ke sea agua. Le doy un sorbo, largo, potente; mi gargante c kema kon la potencia incinerante del vodka.
Me echo y duermo por unas horas, nuevamente las bombas que caen y destruyen los prados de amapolas. No quiero, pero tampoco pude evitarlo. El sueño ya c terminó por hoy.
Las bombas ke kaen, los golpes en la puerta.
Debo, no debo. No voy a vestirme. Abro. T abro.
Estas helado y yo estoy en shock.
-Necesitaba verte.
-Y yo t necesitaba.
Me abrazaste. Después d un siglo d polvo y olvido, me abrazaste. No necesitaba más.
domingo, mayo 07, 2006
Vos
Dimos un par de vueltas por la ciudad hasta que decidimos sentarnos en una placita. Había un gato gris merodeando y un par de vagabundos durmiendo en unos bancos, pero no nos preocuparon. Diste un par de vueltas como una nena en una juguetería y me dio miedo de que te quebrases y rompieses. Te recuerdo bailando sobre la hierba, inocente y despreocupada, con el cambio tintineando en el bolsillo de la camisa y la falda revoloteando como una mariposa ebria.
Me tomaste de la mano y caminaste alrededor de la fuente, intentando no caerte. Parecías una equilibrista procurando no dar un paso en falso. Resbalar significa la muerte, y vos no podes permitirte eso.
Te miré de reojo y me sonreí. Suavemente te tomé entre mis brazos –débiles pero no tanto- y te deposité en el suelo con delicadeza. Me acerqué a tu oído y tu perfume erizó mi piel.
-Te quiero.
Me miraste y tus mejillas tomaron el color de tus labios. Te sujeté con confianza (casi pareció que sabía lo que estaba haciendo) y bailamos los pocos pases que recordaba de la única clase de danza a la que habíamos ido. Llegaste tarde y alucinando, y llamaste “perra” a la profesora. Yo no pude sofocar una carcajada y tuvimos que prácticamente correr hacia la puerta. Esa fue la primera vez que te besé y lo recuerdo como si fuese ayer.
Pero no recuerdo los pases.
Me soltaste y corriste hacia la calesita, aunque sabes que suelo marearme con facilidad. Diste 1, 10, 800 vueltas hasta que tuve que bajarme de repente porque tenía el estómago en la garganta.
-Nenita.- me dijiste. De pura altanera.
Me incorporé de golpe y te perseguí hasta que te cansaste de correr y te rendiste y te disculpaste. Te abracé tan fuerte que creí que tus costillas colapsarían bajo mis brazos y te pregunté si estabas bien. Me besaste.
Me desperté a eso de las 11 a causa del gato que me lamía los dedos del pie. Le di una patada sin querer y soltó un bufido. La almohada todavía estaba impregnada de tu perfume pero vos no estabas y tampoco habías dejado ninguna nota.
Salté de la cama buscándote. No estabas en el baño, ni en la cocina, ni en la sala, ni en ningún lado. Encendí un cigarrillo y me recosté en el sofá preguntándome donde te habrías ido. No te gusta mucho caminar por la mañana, ni tampoco que fume ni que hable de política. Decís que son cosas de viejos. Por eso suelo salir sola, a observar a la gente y sus caras, a leer los titulares de los diarios, a fumar uno o dos cigarrillos y a pararme en la puerta de la panadería de Antonio y su mujer a sentir el aroma calentito que te abraza por adentro.
Como era de esperarse, el gato volvió y se echó en mi regazo (Gepetto le habías puesto, sólo a vos se te ocurren esas cosas). Ronroneó unos instantes y se durmió. “Porquería peluda que sos, pero tan hermoso”. No objetó nada.
Me acariciaste la mejilla con dulzura. Admirándome, no despertándome.
-¿Dónde estabas? Te extrañé.
-Fui a comprarte azucenas. Sé que te gustan mucho.
Por eso te esperé tanto.
Me tomaste de la mano y caminaste alrededor de la fuente, intentando no caerte. Parecías una equilibrista procurando no dar un paso en falso. Resbalar significa la muerte, y vos no podes permitirte eso.
Te miré de reojo y me sonreí. Suavemente te tomé entre mis brazos –débiles pero no tanto- y te deposité en el suelo con delicadeza. Me acerqué a tu oído y tu perfume erizó mi piel.
-Te quiero.
Me miraste y tus mejillas tomaron el color de tus labios. Te sujeté con confianza (casi pareció que sabía lo que estaba haciendo) y bailamos los pocos pases que recordaba de la única clase de danza a la que habíamos ido. Llegaste tarde y alucinando, y llamaste “perra” a la profesora. Yo no pude sofocar una carcajada y tuvimos que prácticamente correr hacia la puerta. Esa fue la primera vez que te besé y lo recuerdo como si fuese ayer.
Pero no recuerdo los pases.
Me soltaste y corriste hacia la calesita, aunque sabes que suelo marearme con facilidad. Diste 1, 10, 800 vueltas hasta que tuve que bajarme de repente porque tenía el estómago en la garganta.
-Nenita.- me dijiste. De pura altanera.
Me incorporé de golpe y te perseguí hasta que te cansaste de correr y te rendiste y te disculpaste. Te abracé tan fuerte que creí que tus costillas colapsarían bajo mis brazos y te pregunté si estabas bien. Me besaste.
Me desperté a eso de las 11 a causa del gato que me lamía los dedos del pie. Le di una patada sin querer y soltó un bufido. La almohada todavía estaba impregnada de tu perfume pero vos no estabas y tampoco habías dejado ninguna nota.
Salté de la cama buscándote. No estabas en el baño, ni en la cocina, ni en la sala, ni en ningún lado. Encendí un cigarrillo y me recosté en el sofá preguntándome donde te habrías ido. No te gusta mucho caminar por la mañana, ni tampoco que fume ni que hable de política. Decís que son cosas de viejos. Por eso suelo salir sola, a observar a la gente y sus caras, a leer los titulares de los diarios, a fumar uno o dos cigarrillos y a pararme en la puerta de la panadería de Antonio y su mujer a sentir el aroma calentito que te abraza por adentro.
Como era de esperarse, el gato volvió y se echó en mi regazo (Gepetto le habías puesto, sólo a vos se te ocurren esas cosas). Ronroneó unos instantes y se durmió. “Porquería peluda que sos, pero tan hermoso”. No objetó nada.
Me acariciaste la mejilla con dulzura. Admirándome, no despertándome.
-¿Dónde estabas? Te extrañé.
-Fui a comprarte azucenas. Sé que te gustan mucho.
Por eso te esperé tanto.
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